La confianza

Es una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.

Que fantástico concepto y que difícil de aplicar. Todos hablamos de ella, nos llenamos la boca exigiéndola a los demás, pero soltamos muy poca. Y es que en una sociedad tan cambiante como la que nos ha tocado vivir hoy, la confianza es un aspecto e igual a una actitud. No nos es suficiente decirlo o pensarlo, hay que demostrarla y darla. Todo y que, de 9 veces sobre 10, duden de nosotros.

Y es que en la era de la información, aquella que yo denomino de la desinformación y la sobresaturación del que, sin saber cómo ni el dónde, el volumen de datos que llegan a nosotros en formato de imágenes, noticias o chismes hacen que esta, la confianza, este terriblemente alterada en nuestro cerebro, y muy activa en cuanto a asimilar conceptos, ideas o pensamientos ajenos a nuestras experiencias y manera de ser.

Reflexiones no atendidas, principal causa de la perdida de confianza

Abres la ventana y todo esta diferente. La cierras, y de inmediato ha sido modificado todo de nuevo. No existe un momento igual, aunque si parecido. Y es así como vivimos hoy. Movimientos constantes, de ir y venir, de avanzar y retroceder, de pensar en atacar o de reservarse para momentos mejores. Estamos como el tiempo, o parecemos políticos ofuscados y perdidos en prácticas destructivas que involucionan hasta el caos, donde se mezcla lo personal y lo profesional, con tal de llegar.