Optimismo

Compartimos con los demás, una dimensión de la personalidad estable, garante inequívoco de la psicohigiene personal más absoluta, un producto de la interacción herencia-ambiente que incide en diversas facetas de nuestras vidas de manera muy favorable, y que nos ayuda adaptarnos al medio y sobre todo a ser capaces de transformarlo, superar y rehacerse sin obviar el infortunio o problema y a volver a construir, creando estrategias de acción con las que afrontar la realidad más inminente. Y lo tremendamente útil de todo esto, no es ser brutalmente optimista, pues aun que contribuye a un mayor bienestar personal como social, es el reto de transformar lo negativo en positivo, aprovechando su energía, lo que nos motiva. La dificultad y sus adversidades.

Si observamos a aquellos que creemos felices de cerca, veremos que es porque casi todo les hace feliz. Comparten objetivos, contagian felicidad. Debemos rodearnos inteligentemente de personas felices, que suman aspectos positivos a nuestras vidas, personas tónicas que contagia su fuerza interior, en definitiva, su positivismo y energía impulsiva.

Aléjate de los quejicosos que, des del derrotismo, evitan asumir responsabilidades. Los pesimistas deberían querer cambiar el mundo, pero no están contentos con lo que hay. Es más, podrían llegar a pensar que todo tiene arreglo, pero que nadie si no lo hacen ellos, lo va a intentar.

El pesimismo a mí parecer, es una dolencia del alma, por eso soy optimista, pero no sin perder el respeto al cambio y la más absoluta realidad de mí vida y sobre todo en los pesimistas.

Ser optimista es propender a ver juzgar las cosas en su aspecto más favorable, y no se debe confundir el optimista con aquel ingenuo que menosprecia la realidad.

¡Por qué la vida es demasiado corta como para perder el tiempo, y lo más importante, VIVIRLA!