La fortaleza digital

Hace nueve años y raíz de esta crisis tremenda que todos sufrimos y hemos sufrido de manera alguna, mi vida como la conocía dejo de existir. Y para muchos incluido yo, me pareció el final de todo, la carretera por la que circulaba había llegado a su fin. Un enorme muro, cerraba el camino que estaba andando con paso firme, y que al final no fue tan firme. Quede ciego de mente, visión y actitud. Mermado, indefinido y desplazado del mundo, que tampoco era real, lo real era lo que vivía, aunque no quisiera verlo. Pero por una circunstancia u otra más esta, mi vida laboral ya no comentar la personal, en las que habitábamos amigos, conocidos y no tan amigos y que fueron muchas personas, se difuminaron y mi trayectoria varia hacia lo que es hoy.

Por primera vez, me importo lo que se decía de mí o se escribía de mí en la red. Empecé a indagar, preocuparme y sin negarlo sufrir en propia persona lo que cientos de miles de personas y compañías sufren hoy en la red y en el mundo, la extorsión en la red y el acoso. Y todo se vino abajo, no existía fin, caía y caía.

Solo tres apuntes, enlaces o links, demolieron lo poco que me quedaba, pues dinero no había, y mi dignidad estaba por los suelos, así como mí estado de ánimo, pero fue mi reputación online la que se desmorono. Si ya de por sí, mi fracaso profesional, que hoy sin duda alguna veo, no como un fracaso sino como una aprendizaje inmenso e impagable con todo el dinero del mundo, cerro toda puerta a la calle relegándome a la discriminación más absoluta y a hacer hincapié en intentar resolver eso que nadie podía resolver y que hoy es tan difícil denominado el derecho al olvido, mediante la eliminación de alguna manera o formulación mágica, los enlaces, links o url que me estaban bloqueando mi vida profesional y ya no hablar de la personal.