”La cascada informativa de cada día”. Por Antoni de Iraola

“La cascada informativa de cada día puede frustrarnos al provocar la sensación de que no estamos al día de ningún tema” Lo sabías? Yo, Antoni de Iraola, ahora te lo cuento.

Mi gran amigo Mateo, disponía cada día de su vida, sobre todo por las tardes o noches, de media hora antes o después de tener que preparar la cena, recoger un poco la casa, o prepararse los tupers del día siguiente.

Fue así, como Mateo, una noche más, aprovechó para encender el ordenador, omitiendo el uso de su Smartphone, y buscar una noticia sobre economía que le habían comentado durante el almuerzo sus compañeros del almacén.

Creía que podía resultarle útil para la reunión del día siguiente. Ese breve pero intenso briefing acompañado de cafe malo, cappuccino de 50 centimos o medialuna de chocolate. Y todo, para organizar la logística y las entregas a sus repartidores, y cumplir como era habitual el tracking establecido. Entre charlar brevemente con los compañeros.

Pausado e intentando recordar todo, tecleó el nombre del sujeto comentado en Google, y fue justo entonces, cuando en el primer lugar en el largo listado de “ url´s ” que le aparecieron en la pantalla, era justo un artículo sobre la telefonía en España, el que más le llamo la atención. 

Mateo, curioso y siempre receptivo a aprender. Lo abrió porque también le pareció interesante. Leyó unas cuantas líneas y enseguida vio que en este artículo había varios enlaces incrustados hacia otros enlaces, que pensó debería, sino menos leer o cotillear.

De manera automática, y mientras estaba pensando en guardarlos para releerlos en otro momento, su Smartphone empezó a parpadear la señal de que alguien le había mandado un e-mail, y efectivamente, en cuanto abrió el programa de mensajería, comprobó que tenía algunos mensajes sin abrir. Todos los asuntos, absolutamente todos parecían prioritarios y los tenía que responder.

Por momentos, cansado de su larga jornada, se agobió. Pero justo al instante, sonó el Smartphone. Era una teleoperadora de la compañía anunciante, que justo hacia 3 minutos él había visualizado en su muro de Google, y había aceptado las cookies reglamentarias y de obligado cumplimiento informativas.

Era un chico, que le quería informar de una oferta de telefonía móvil. Y Mateo, muy educadamente le dijo que no le interesaba.

Datos, y más datos y alguna que otra coockie, tenían la culpa de ello. Lo dudas? Yo no.

“Los medios de comunicación nos inundan a diario de noticias sin dejarnos tiempo para digerirlas” (afirma José Antonio Freijo).

“ Según las investigaciones de la Universidad de California, solo entre 1999 y 2002 se creó más información que en toda la historia anterior de la humanidad, con incrementos anuales del 30% y así en sus años venideros, con ascensos de más de un 30% anual “.

Y es que este incremento apabullante e incesante de información y datos va acompañado por un aumento de los canales por los que se difunden y los asimilamos a diario.

Imagínate por un instante, que te encuentras en una celda de una cárcel. Y en esa celda, pequeña y llena de rendijas oxidadas, se cuelan miles de informaciones, de manera continua e ininterrumpida: televisión, radio, Internet, e-mails, redes sociales, periódicos, radios, etc… Y la mayor parte de ella, por no decir su totalidad o el 98%, no la queremos, ni nos interesa, pero la recibimos!.

Cuando se habla de infoxicación (termino técnico a esta sucesión de hechos), normalmente hacemos referencia y se analiza el efecto que provoca sobre nosotros el rápido acceso al tsunami de datos de Internet, pero no es el único medio. Y aunque existen otros canales tan caseros como el buzón que tenemos en la puerta de casa o el teléfono de toda la vida ya en desuso, a no ser que sea de la compañía para la que trabajamos, a través de ellos tampoco se quedan cortos a la hora de infoxicarnos. El tsunami informativo que se nos viene encima a diario puede frustrarnos y provocarnos la sensación de que no podemos estar al día de todo, de manera indirecta.

Véase el siguiente ejemplo. El de los científicos, que, por muy concreta que sea su especialidad, no pueden dominar todos los datos, ni los cambios o evoluciones que sufren, y menos ahora. En la era de la sobreinformación.

“Todos los seres humanos, en mayor o menor medida, queremos estar bien informados, según nuestros intereses, cultura y educación”.

Y entre muchas razones, porque suponemos que la información facilita que tomemos mejores decisiones. Desgraciadamente, demasiada información no nos ayuda, sino que nos distrae, confunde y a veces, enoja. Pues si tenemos un exceso de información, nos resulta más complicado separar el grano de la paja, y avanzar.

Toma nota compañero….

“Tomé un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme ‘Guerra y paz’ en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia” (Woody Allen).

Y es que nuestras reacciones ante el tsunami informativo que sufrimos a diario, suelen ser varias. Una de ellas, y más relevante, es la lectura superficial. No nos podemos entretener ni menos concentrar leyendo a fondo. Y mira por donde, y no hace tanto de ello, fue en el 2008, cuando científicos de la University College de Londres investigaron cómo los internautas utilizaban las páginas web de la biblioteca británica.

“Concluyeron que los usuarios solamente realizaban un rastreo superficial. Alrededor del 60% de usuarios de periódicos apenas entraban en tres páginas. Parece que todo son simples ojeadas”.

Además de no permanecer en según qué imágenes y contenidos de la red, más de 10 segundos. Sin contar ya, que la mayoría de los internautas, no pasan de la primera página del buscador, incapaces de leer, sino por falta de atención ante la ausencia de imágenes. (Entiéndase aquí y ya mismo, el porqué del gran éxito de Instagram. Leer, ya no es necesario y menos comunicar)

“Y es que como nos enseñaron en la escuela. La información, para convertirse en conocimiento, necesita reflexión y entendimiento. Compararla e integrarla con lo que ya sabemos. No vale solo procesar lo leído a nivel consciente, sino también a nivel inconsciente “.

Antoni de Iraola .

Mi mujer, que es Nutricionista de profesión. Afirma en sus explicaciones y más ante sus clientes, que cuando comemos, nos olvidamos de que estamos haciendo la digestión, pero nuestro aparato digestivo va digiriendo el alimento por su cuenta. De ahí, que las dietas milagro, no funcionen. Deben educarse los pacientes y enseñarles a comer. De lo contrario, siempre sufrirán en mayor o menor medida, un efecto rebote, antes o despúes.

Y lo mismo pasa con el cerebro humano: cuando engullimos datos, este los procesa aunque nuestra consciencia esté ajena a ese trabajo. Pero si comemos demasiado o tragamos muchos datos de golpe, podemos sufrir un empacho. Lo sabías?

Y es que la forma con la que lidiamos a diario la tormenta informativa, es la multitarea. Canales y canales de información que nos entran por todos los costados y hacemos de manera inconsciente, malabarismos para atenderlos a todos. (Acuérdate del caso de la nutricionista, ni más ni menos)

Trabajamos en un informe a doble pantalla, atendemos una llamada mientras vamos leyendo los e-mails que entran, mientras Facebook nos recuerda el estupendo fin de semana vivido, hace tres años, mientras…el tiempo avanza y avanza. Pero, des de mi humilde posición, yo Antoni de Iraola me pregunto ¿es eficaz nuestro cerebro atendiendo varios temas a la vez? Creo sinceramente que no.

Y es que cuando las tareas no son automáticas, precisan mucha atención. Por ejemplo, tecleamos algo mientras hablamos con alguien por teléfono, nuestra atención en ese caso no puede con todo porque ni escribir es automático, ni tampoco hablar con sentido.

Así que en este caso la atención es como un foco que va de una tarea a otra, va dando saltos del teclado al Smartphone. Y en los instantes concretos que hablamos no escribimos o lo que hacemos, se real entiza. E aquí cuando cundo yo grito, menos información, por favor. Y de más calidad. Algunos ya lo llaman….

“la ‘explosión de la desinformación’, indigerible y confundidora” (Hugo Pardo y Cristóbal Cobo)

Por eso, y des de Antoni de Iraola. Abogamos por los contenidos de calidad, la segmentación y definición de la prospección del saber. No todo vale y menos en cuanto a la generación de contenido. No podemos y creo yo, debemos estar informados de todo y en profundidad. Así que tenemos que ser muy conscientes de nuestras áreas de interés.

Cuando buscamos informaciones, debemos tener muy claro cuáles son nuestros objetivos. Para que no nos pase como a Juan, que al final se va a preparar la cena sin haber imprimido la noticia que le interesaba, cenando un triste e irrisorio bocadillo de pate, repetitivo y bajo en aportación nutricional, por ser este el 4 del día. Alegando carecer de tiempo para uno mismo.

Y es que navegar sin rumbo por Internet es frecuente, nos despista y al final olvidamos lo que íbamos a buscar. Es  “la ‘explosión de la desinformación’, indigerible y confundidora” antes mencionada.

Y aunque a veces podemos encontrar artículos que nos interesen al margen de nuestros objetivos, saltando de enlace en enlace. La mayoría de los descubrimientos se realizan por casualidad. En estos casos, yo Antoni de Iraola, os aconsejo archivarlos. Pero entre guardar algo realmente importante para nosotros e ir almacenando informaciones “por si acaso en un futuro puedo necesitarlo” hay una gran diferencia. Si el día de mañana lo necesitamos, los datos suelen estar mejor clasificados en Internet que en el disco duro del ordenador. Entonces y solo justo en ese momento, podremos aplicar, aquello que Marie kondo nos predica y nos puede valer para todas las facetas de la vida;

“ Soltar cosas es aún más importante que añadirlas”. ( Marie Kondo).